094_027_010_fotografica

Ana Mendieta, Esculturas rupestres Itiba Cahubaba (Antigua sangre materna), 1981,
de la colección Colección Centro Cultural Arte Contemporáneo

Ana Mendieta

Artista cubana-estadounidense. Nació en La Habana en 1948 y murió en Nueva York en 1985. Nacida en el seno de a una familia acomodada y con vínculos políticos anticomunistas, a muy temprana edad fue enviada a los Estados Unidos. En 1969 entró a estudiar en el Departamento de Arte de la Universidad de Iowa, donde Hans Breder, pintor y escultor relacionado con las vanguardias de ese momento, inició un curso experimental –el primero de tales características en el país– que bautizó con el nombre de Intermedia, palabra acuñada por Dick Higgins, artista de la corriente Fluxus. Por Intermedia desfilaron como maestros invitados todos los artistas de su generación con algo nuevo que proponer y que estaban dentro de las tendencias neoyorquinas del momento que se oponían a las galerías y al idea del arte como mercancía, las cuales ejercieron una gran influencia en la trayectoria artística de Mendieta. Los alumnos de Breder se prepararon en áreas como el Video Art, Performance Art, Earth Art, Body Art y  todo lo que tuviera que ver con el arte conceptual. Críticos y colegas de la artista han señalado que Mendieta combinó todas esas posibilidades con sus preocupaciones feministas y con su interés en sus propias raíces. En noviembre de 1987, el New Museum de Nueva York presentó la primera retrospectiva del trabajo de Ana Mendieta. La inauguración supuso la mayor concurrencia que el museo había registrado hasta entonces. Para esa época, casi nadie conocía su trabajo. La crítica ha señalado que sus últimos diez años de producción de dibujos, esculturas, videos y fotografías hablan de agonía y regeneración. Su obra ha sido ubicada en la tradición vanguardista, cuya preocupación capital es unir el arte y la vida respondiendo a la necesidad de indagar en un estado interior. Ubicado dentro de la era multimedia del conceptualismo, se ha observado que en su trabajo hay un gran anhelo de comunicación con la tierra, un profundo sentido del drama y una seducción por la muerte. Se afirma que Ana se sirvió para su trabajo de los rituales y la música afroamericanos y la historia latinoamericana; además se acercó a las bases de la cultura popular cubana, se apropió de lo que llamaba la “imaginería curativa” de la santería y aprovechó los rituales y símbolos para fortalecer los lazos sociales, para conectar al practicante con el pasado y para intentar superar los límites del tiempo, el lugar y la muerte. Tras diecinueve años de exilio, Mendieta viajó a Cuba donde influyó en la comunidad artística impulsándolos a correr riesgos y a experimentar con formas y técnicas a las que habían tenido poco acceso durante el aislamiento cultural que caracterizó la vida artística cubana en los años sesenta. José Bedia, Martha María Pérez y Flavio Garciandía son algunos de los artistas en los que Mendieta dejó una huella. Su producción artística puede dividirse en tres etapas: en la primera etapa, su propio cuerpo constituyó el tema principal; la segunda fase se caracterizó por la creación de siluetas humanas en varios paisajes; y la tercera por la creación de formas femeninas confeccionadas con materiales naturales como flores, hojas, hierba, tierra, fango, rocas y madera, mezclados con colas, ceras y otros productos sintéticos. Se ha señalado que entre la primera etapa y la tercera, sus trabajos fueron despojándose de su animalidad y de su carácter ritualista.

Trabajo